Reforma del estado
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Desmantelando la Burocracia Retrógrada: Hacia una Reforma Estatal Eficiente en el Perú En el Perú contemporáneo, la burocracia retrógrada-esa capa trasnochada de funcionarios enquistados-devora recursos sin rendir cuentas, perpetuando un ciclo vicioso de corrupción que ahoga el desarrollo. Según el Instituto Nacional de Estadística e Informática (INEI, 2023), las pérdidas por corrupción ascendieron a 24 mil millones de soles, mientras la Contraloría General de la República carece de mecanismos punitivos efectivos (Contraloría, Informe Anual 2023). Presidentes rotan entre escándalos judiciales, pero esta élite administrativa permanece intocable, respondiendo a intereses particulares en lugar del bien común. Los partidos políticos agravan el mal: llegan al Congreso sin capacidad de iniciativa, convertidos en feudos clientelares. Como señala el politólogo conservador peruano Carlos Contreras (en , 2022), los partidos se han degradado en aparatos de taifa, incapaces de reformarse porque priorizan lealtades atípicas sobre políticas públicas innovadoras. Esta inercia ideológica, arraigada en visiones trasnochadas, frena cualquier intento de modernización estatal. En un almuerzo con gente del Centro de Altos Estudios Nacionales (CAEN, ex-CAEM), ahora abierto a militares y civiles, aprendí que la reforma debe ser integral: alinear instituciones bajo principios de eficiencia y soberanía. El general José Del Carmen Marin en sus memorias (1985), lo resumía: Las ideas no se imponen; se exponen con claridad estratégica. Aplicado hoy, Perú necesita una visión tripolar-EE.UU., Japón, China-para equilibrar influencias globales contra el caos interno. Ampliemos: tratados como el Acuerdo Integral y Progresista de Asociación Transpacífico (CPTPP) permiten aranceles casi nulos para productos agrícolas en un puño de naciones aliadas, potenciando exportaciones de servicios y conocimiento (Ministerio de Comercio Exterior y Turismo, 2024). La minería y el agro no deben sacrificarse, sino valorizarse: cobre para baterías de vehículos eléctricos y plata para paneles solares, con inversión en cadenas de valor agregado (Banco Central de Reserva del Perú, Reporte Económico 2024). Prioricemos infraestructura: puertos modernizados, carreteras interoceánicas, aeropuertos regionales y trenes de carga, como propone el antropólogo conservador José Matos Mar en (2018): La corrupción es un mal endémico cultural; su antídoto es la infraestructura tangible que empodera comunidades locales (Matos Mar, op. cit., p. 145). Inspirémonos en modelos probados. Estados Unidos, bajo la administración Trump, impulsó una reforma radical vía la Orden Ejecutiva 13771 (2017), que obligaba a eliminar dos regulaciones por cada nueva, y el reciente Departamento de Eficiencia Gubernamental (DOGE, 2025), liderado por Elon Musk y Vivek Ramaswamy, enfocado en recortes presupuestarios, digitalización masiva y despidos de burocracia redundante-reduciendo el aparato federal en un 20% sin colapsar servicios (White House Archives, 2024). (En Perú, esta fórmula se ignora por tabúes ideológicos: ¿por qué no replicar planes anuales de desregulación, adaptados a nuestra Constitución de 1993?). El jurista Marcial Rubio Correa, en (2021), aboga por ello: Digitalizar trámites y meritocratizar cargos cortaría la raíz de la mediocridad enquistada (Rubio Correa, p. 210). La solución es práctica: reinventar partidos con primarias obligatorias y límites de reelección; digitalizar el 80% de procesos estatales en dos años; y crear una comisión bicameral, con input del CAEN, para auditar privilegios burocráticos. Sociólogos como Julio Cotler (en , edición 2020) advierten: Sin reforma, la desigualdad se cronifica (Cotler, p. 312). Pero el sociólogo conservador Luis Pásara, en (2019), ofrece esperanza: Un Estado delgado pero ágil, con accountability real, liberaría el potencial peruano. El Perú no necesita más diagnósticos; necesita bisturí. Como enseñaba el general: «Las ideas no se imponen Exponzámoslas con claridad y coraje hasta que caigan por su propio peso las rémoras trasnochadas y se alce un Estado ágil, soberano y puesto al servicio exclusivo del bien común. Es ahora o nunca.

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